martes, 12 de febrero de 2008

TEXTO DESCRIPTIVO

La descripción es el proceso mediante el cual intentamos representar, utilizando mecanismos de expresión lingüística, la imagen de una cosa, una persona, un ambiente, tal y como si el lector lo tuviera delante y lo estuviera percibiendo con sus propios sentidos.

La descripción pretende, en suma, provocar en la imaginación del lector una impresión similar a la impresión sensible, lo descrito se paraliza, considerándose fuera del flujo temporal.

Características

- Fidelidad
- Consición y detallismo
- Producir emociones y sentimientos.

Se puede afirmar que es una pintura hecha con palabras, pretende lograr la máxima objetividad posible, aunque ese deseo de provocar emociones que siempre acompaña a los textos descriptivos, hace que lo más frecuente sea que lo descrito se comprometa con la subjetividad del autor.

Así, las descripciones objetivas buscan un lenguaje técnico, carente de todo sentimiento personal, para lo que se utilizan adjetivos especificativos casi siempre, necesarios para que el lector pueda reproducir en su mente lo que se quiere representar. Una adjetivación carente de ornamento (que no suscita emoción alguna) la que es utilizada en estas descripciones científicas, técnicas o instructivas, como han sido llamadas, puesto que su fin es dar a conocer un objeto, sus partes, su funcionamiento y su finalidad.

Elementos de la descripción:
a) Precisión y la objetividad en la observación.
b) Claridad en la exposición, mediante la exactitud de las palabras que se emplean.
c) Lógica presentación de los elementos (orden riguroso y regular)
d) Lenguaje denotativo.
e) Abundante de vocablos técnicos, apropiados a la materia en cuestión.

Las descripciones subjetivas, por el contrario, se acercan a lo descrito desde una perspectiva literaria, donde suelen bullir los epítetos, con los que el autor manifiesta los sentimientos (de repulsión, dolor, alegría, admiración, etc.), que desea comunicar al lector. No se conforma con transmitirle información sobre lo que ve, sino que pretende contagiarle su propia emoción. A su vez abunda en toda descripción subjetiva el empleo de metáforas, de comparaciones, el uso de vocablos de enérgica significación y la construcción de oraciones de entramado geométrico, que contribuyen a realzar el colorismo de la expresión. Esta descripción atiende, pues, más al propósito estético, psicológico o moral, que al mimético o científico.

Dentro de las descripciones subjetivas o literarias, el retrato, incluidas sus modalidades de retrato caricaturesco (que exagera los rasgos más significativos y asombrosos de la persona retratada, a veces con crueldad) y autorretrato (retrato que hace de sí mismo un escritor), ha gozado siempre de gran estima por parte de los escritores de todas las épocas. Así, el retrato es una de las manifestaciones más frecuentes de la descripción, tanto en su vertiente física como en su vertiente espiritual, ambas entremezcladas con frecuencia, salvo en las etopeyas, las cuales se centran en los caracteres morales del individuo.

En el retrato también se describen con exactitud y vivacidad los detalles, sobre todo aquellos que reflejan lo que el escritor considera la esencia del individuo (no olvidemos que la simple acumulación de detalles puede hacer enojoso y prolijo el retrato). En el retrato físico se destacan, como es natural, los rasgos corporales y el atuendo, sin descuidar los rasgos morales, que incluso pueden verse reflejados en el aspecto externo de la persona retratada.

Durante la Edad Media se estableció por parte de los tratadistas un canon para realizar el retrato corporal, aunque este orden fijo podía ser alterado en algún punto, e incluso podía carecer de ciertos rasgos. El escritor medieval retrataba, pues, ajustándose a un modelo dentro del cual podía moverse con variable libertad. El orden más o menos constante era el siguiente (aunque podía limitarse al rostro) : (1) cabellos, (2) frente, (3) cejas y ojos, (4) mejillas, (5) nariz, (6) boca, (7) dientes, (8) barbilla, (9) cuello, (10) nuca, (11) espaldas, (12) brazos, (13) manos, (14) pecho, (15) talle, (16) vientre, (17) piernas, (18) pies.

El canon citado permaneció vigente durante siglos, aunque los escritores han tendido a soslayar con posterioridad su sistema mecánico, introduciendo en él significativas variaciones, mezclando rasgos corporales con indumentarios, deteniéndose en detalles nuevos, introduciendo pinceladas de carácter, etc. Sin embargo, lograr este tipo de retrato no es fácil, pues obliga a combinar unitariamente rasgos físicos y espirituales de muy diverso origen, que no están ordenados con la rigidez que imponía el retrato medieval.

Por otra parte, si atendemos exclusivamente al objeto descrito y al sujeto que realiza la descripción, podemos distinguir tres clases de textos descriptivos:

Textos descriptivos pictóricos: Objeto y el sujeto permanecen inmóviles. Es la situación análoga a la del pintor ante un paisaje cualquiera (campestre o urbano), donde lo verdaderamente importante es detenerse en la descripción del color y la luz y la distribución proporcionada de las masas.

Textos descriptivos topográficos: Contraposición entre el objeto inmóvil y el sujeto en movimiento. Es el caso del que observa el objeto desde un tren, un coche o un avión. Aquí el elemento fundamental que se pondera es el relieve; no describimos todo lo que nuestros sentidos captan, sino aquellos detalles característicos que lo definen.

Textos descriptivos cinematográficos: El objeto móvil se opone al sujeto estático. Es el caso que se presenta, por ejemplo, cuando se realiza una descripción de una batalla: ésta es la más compleja de las descripciones, porque requiere luz, color, movimiento, relieve y sonido. El lector, gracias al trabajo del escritor, asiste al espectáculo como si lo viera y oyese con sus propios ojos y oídos.

En cuanto a la estructura o a la ordenación del escritor de los materiales de que dispone, se han establecido varias clases:

Estructura lineal, en la que los elementos descritos se disponen sucesivamente, como ocurría con el canon medieval del retrato.

Estructura recurrente, donde a lo largo de toda la descripción aparecen los mismos elementos sujetos a escasas variaciones, como un modo de marcar la importancia que lo observado ha producido en el escritor, y trasladar esa tensión emotiva al lector.

Estructura circular: es la que se da cuando un texto descriptivo comienza y se cierra con los mismos elementos, los cuales quedan de esta forma destacados del resto.

Estructura temporal: ordenación de lo descrito desde lo más alejado a lo más presente, y viceversa, acogiéndose a la alineación temporal de los elementos.

De lo general a lo particular (y viceversa): en esta ordenación el autor otorga cierta jerarquía a los datos que presenta, como un modo de subjetivarlos ante la mirada del lector.

EL PROCESO DESCRIPTIVO

a. Observación de la realidad: toda descripción comienza con la observación atenta de las cualidades y circunstancias de aquello de lo que se va a hablar. La acción de observar incluye el ejercicio pleno de los cinco sentidos corporales, pues de lo que se trata es de percibir con exactitud el mundo exterior a través de nuestros sentidos. Debe preceder a esta fase un acto reflexivo de interrogación y conocimiento, pues no es suficiente la observación sensorial del objeto: es necesario interrogarlo, analizarlo y valorarlo dentro del contexto en que ha sido observado. Así, es frecuente explicar las partes que lo componen, la función que desempeñan, y su relación de espacio y situación con los demás objetos circundantes. La observación es, pues, la condición previa e indispensable de la descripción.

b. Selección y ordenación de los detalles: Durante el tiempo empleado en la observación se acumulan una serie de datos que, no obstante, no serán trasladados a la descripción como si de un inventario se tratara : las descripciones suelen ahondar en los elementos característicos del modelo, para lo cual se impone el punto de vista del escritor.
Esta selección suele ir acompañada de una ordenación de los datos, pues si no se determina la estructura del texto descriptivo, éste resulta confuso e incoherente. El orden puede establecerse de las formas siguientes:

a) De lo general a lo particular, y a la inversa.
b) De la forma al contenido, y a la inversa.
c) De lo próximo a lo más alejado en el tiempo y en el espacio, y a la inversa.

c. Presentación de los datos: Es la descripción propiamente dicha, el proceso final de encontrar la expresión lingüística exacta, la que con más precisión se acerque a la descripción de lo observado. Puesto que los objetos poseen masa, color, forma, etc., y se hallan en un lugar determinado, es necesaria la expresión adecuada, la que mejor resalte las propiedades de los mismos.
RESPONSABLES
CERRÓN ROJAS, Waldemar José
POMASUNCO HUAYTALLA, Rocío
OROSCO FABIÁN, Jhon Richard